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sábado, 2 de julio de 2016

El deporte preferido de un hombre es como la pareja que ha escogido. Tres formas de avivar la llama cuando el deseo se apaga

Ya no me gusta. Eso es lo que pensaba un domingo cuando salia al trote, algo decepcionando, del campo de juego. Me solía gustar el fútbol: el olor al césped, el simple placer de que podía colocar un balón con el pie casi donde quisiera y lo que podía ocurrir a partir de entonces, me parecían cosas irreemplazables. 
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Pero allí me encontraba, en una tarde soleada, dudoso de ser lo que tenia que hacer, sin saber a donde pasar la pelota. El deporte de mi ya no me resultaba divertidos, sino mas bien pesado y confuso. Esa tarde la pase pensando mucho en lo mucho que se parece una relación amorosa a la practica de un deporte: cada uno te ofrece grandes momentos y también otros menos jubilosos; pero ambos requieren vivir cierto grado de pasión. Si uno pierde  la pasión y deja de intentarlo, acaba perdiendo el interés; eventualmente se termina abandonándolo todo. Pensaba en cuantos de mis amigos que una vez eran apasionados de un deporte han dejado las canchas  por un asiento de sofá. ¡Ahora podía ver las similitudes!

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Con frecuencia, el problema puede ser reducido a un solo factor: el estrés. Después de todo, el deporte, como la esposa, se suponen que no deben ser jamas afectados por el estrés y la lucha diaria por la vida.  Pero si se pone demasiada presión en uno mismo, nos enojamos cuando las cosas no salen bien y nos vemos perdidos en las competencias, los atletas podemos convertirnos en una fuente de estrés en un lugar de escaparnos de él...¿Qué hacer para llegar a mantener la pasión y la alegría de la vida?

Todo lo que se requiere es un poco de ingenuidad, afirma el Doctor Gary Mack, psicólogo deportivo. Estas son tres formas para librarse del estrés del porte y obtener mas de los ejercicios:

1. Calmase antes de salir al juego: Pele, el gran rey del fútbol, descansaba una hora antes del inicio del partido en una esquina tranquila del camerino y solía recordar imágenes de su infancia, cuando jugaba fútbol en la playa y lo feliz que se sentía entonces. Luego evocaba algunos de sus grandes momentos en el balompié mundial, reviviendo jugadas, goles y el estallido de la multitud. "Después de 15 o 20 minutos" abría sus ojos, se entonaba y estaba listo para comenzar a jugar lleno de emoción, confianza y amor a la competencia". El experto sugiere que se intente algo similar: un breve periodo de meditación. Concéntrese en el aspecto positivo de su deporte. Un golfista, por ejemplo, puede revivir un golpe de aproximación que cayo justo en el centro del campo, e incluso le alegraría de caminar a lo largo de hermosos senderos de una cancha de golf. De igual manera, un jugador rival más alto, o encesto unos cruciales tres puntos para ganar un partido. Solo unos minutos lo dejaran mentalmente reanimado.

2. Haga calistenia corporal y mental: El Dr. Mack mueve la cabeza en señal negativa cuando se refiere a jugadores como los golfistas, por ejemplo  el 80 por ciento, yo diría, que no hacen calistenia ni ejercicios de elasticidad antes del juego. "Empiezan a golpear las pelotas aun cuando el cuerpo esta frió. Luego dirán: no estoy jugando bien hoy, y el día se vera lleno de golpes deficientes y pasos perdidos". Tomar un tiempo para la calistenia, no solo es bueno proteger el cuerpo del estrés del partido, sino que es también una protección para la mente.

3. Juegue con metas sencillas: "Las personas que definen el éxito por sus ganancias y perdidas tienen a perder de vista por qué jugamos", señala el Dr. Mack. En la practica lo llama "metas desesperadas" (como "tengo que ganar" o "tengo que clasificar para el campeonato"). Eso, si no se sabe controlar la presión que genera, termina frustrandolo a uno. Lo ideal es encarar la actividad física de manera sencilla, con "metas de proceso", aquellas que nos permiten evaluar si lo estamos haciendo cada vez mejor. La próxima ocasión que se prepare a jugar, evalué por un momento su nivel de juego y fiseje una idea de lo que quisiera que fuera dentro de un mes.

Fuente: Hombre saludable            
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